Hoy, desperté odiando al mundo y a mí misma.
Aunque no dormí mucho, mi cama tenía signos de alguna batalla que yo no recuerdo haber vivido, pero sé que ayer se rompió la tregua y que en mi mundo, no volverá a salir el sol.
Desnuda o de etiqueta, saboreo una vez más el amargo sabor del fracaso.
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